Despoblamiento argentino: un peligro para la integridad territorial de la Patria

Por Horacio Micucci

Parte I de II

Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio son los tres importantes objetos que deben ocupar la atención.

Cuando vemos a nuestros labradores en la mayor parte llenos de miseria e infelicidad, que una triste choza apenas les liberta de las intemperies; que en ellas moran padres e hijos; que la desnudez está representada en toda su extensión, no podemos menos que fijar el pensamiento para indagar las causas de tan deplorable desdicha.

Todos esos males son causas de la principal, que es la falta de propiedades de los terrenos que ocupan los labradores: este es el gran mal de donde provienen todas sus infelicidades y miserias, y de que sea la clase más desdichada de estas provincias…

General Dr. Manuel Belgrano

Resumen

El presente trabajo aborda el poblamiento no como una variable demográfica neutra, sino como un aspecto estratégico de la soberanía nacional.

El despoblamiento del interior argentino constituye uno de los problemas estructurales más graves y persistentes para el ejercicio efectivo de la soberanía nacional. Este documento analiza el fenómeno desde una perspectiva estratégica y científica, entendiendo que la baja densidad poblacional, la expulsión demográfica y la concentración urbana no son procesos naturales ni neutrales, sino el resultado histórico de modelos económicos, territoriales y políticos que debilitan la presencia argentina soberana sobre amplias regiones del país. Se sostiene que no hay soberanía real sin territorio habitado, productivo y socialmente sostenible.

Se analiza la relación entre natalidad, arraigo territorial, condiciones materiales de existencia y ejercicio efectivo de la libertad. El artículo plantea, como hipótesis a considerar, que la declinación del poblamiento y de la natalidad en amplias regiones de Argentina no puede interpretarse exclusivamente como resultado de decisiones individuales, sino como consecuencia directa de configuraciones económicas, productivas y políticas que debilitan la soberanía. Se repasa el pensamiento del Papa Francisco y el pensamiento científico del presente. Se concluye que existe una amplia posibilidad de unidad patriótica y democrático-popular en pos de una estrategia soberana en éste como en otros temas, más allá de particularidades de sectores sociales, creyentes o no, civiles y militares. Los sucesos de Venezuela ponen a la orden del día el tema dela efectiva soberanía territorial. Esto exige observar dos aspectos:

a) todo el desarrollo industrial y científico tecnológico aplicado a la defensa, la integridad territorial y su poblamiento

b) entender que lo principal de ese desarrollo científico tecnológico reside en el ser humano y su voluntad de defensa de su territorio. Por ejemplo, en un productor agrario, con tierra en propiedad, que diga, en un momento de agresión externa, “esta es mi casa, esta es mi tierra, esta es mi familia y las defiendo con la vida” más allá de los medios que se usen y del tiempo que transcurra.

1. Introducción: Poblamiento y soberanía efectiva

El poblamiento ha sido históricamente tratado en la literatura demográfica como una variable cuantitativa: densidad poblacional, tasas de natalidad, mortalidad y migración. Sin embargo, este modo de considerar el tema resulta insuficiente para comprender su importancia política y estratégica. La noción de poblamiento estratégico remite a la capacidad de un país para habitar efectivamente su territorio con población estable, integrada y socialmente reproducible. No se trata de ocupar el espacio de manera abstracta, sino de sostener comunidades con trabajo, familia, instituciones y horizonte de futuro en ese lugar.

Autores de tradición soberanista han señalado que el vaciamiento territorial suele ser funcional a intereses económicos concentrados y a políticas de dependencia, donde el territorio es concebido como reserva de recursos para aquellos de quienes se depende antes que como espacio de vida de la propia población y de satisfacción de las necesidades estratégicas nacionales.

Poblar no es únicamente contar habitantes, sino garantizar la presencia humana organizada sobre el territorio, con capacidad de reproducción social, arraigo nacional y cultural y proyección histórica. Esta proyección histórica tiene como punto de partida que Argentina es un país que, aunque formalmente independiente, es rapiñado por distintas potencias o bloques de ellas y tiene parte de su territorio, y muy importante, usurpado por una potencia colonial como Inglaterra. Argentina es, entonces, un país dependiente que pugna por ser independiente de toda dominación extranjera, desde los albores de su historia, que debe unirse a otros países, pueblos y naciones oprimidos, en una línea histórica de no alineamiento, impidiendo el peligro cada vez más grave de fractura territorial.

El concepto de “soberanía limitada” no es nuevo. Tiene antecedentes diversos.

La política del gran garrote fue (¿o es?) uno de ellos.

La política del «Gran Garrote» (Big Stick) de Theodore Roosevelt implicó usar la amenaza de la fuerza militar («lleva un gran garrote») para asegurar los intereses de EEUU en América Latina, bajo la idea de «habla suavemente y lleva un gran garrote». Esto justificó intervenciones militares y financieras, limitando la soberanía de países como República Dominicana, Panamá y Nicaragua para estabilizar finanzas, proteger inversiones y mantener regímenes afines, consolidando la hegemonía estadounidense y sentando bases para anexiones indirectas o control financiero.

Basada en el proverbio africano «Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos», implicaba diplomacia, pero con respaldo de fuerza militar (especialmente la marina) para disuadir y actuar si fuera necesario.

Su objetivo fue proteger intereses económicos y personales de EEUU, asegurar rutas estratégicas (como el Canal de Panamá), y mantener la estabilidad en el hemisferio para evitar intervención europea.

Fueron ejemplo de ello intervenciones en países como Santo Domingo (República Dominicana), Panamá, Nicaragua y Cuba para controlar aduanas y finanzas, y apoyar a gobiernos pro estadounidenses. Las naciones latinoamericanas veían limitada su soberanía por las imposiciones de Washington, que justificaba su control argumentando que los desórdenes internos amenazaban la seguridad regional o los intereses estadounidenses.

En República Dominicana, Theodore Roosevelt tomó el control de las aduanas para gestionar pagos a acreedores extranjeros, actuando como un «policía financiero» de la región. Los países agredidos se transformaban en países dependientes, colonias o semi colonias según la conveniencia del agresor, posibilidades de este último y grado de resistencia del agredido.

En estos días, con la intervención de EEUU en Venezuela, se reaviva la Doctrina Monroe.

Crédito imagen: BAE Negocios

La Doctrina Monroe es un principio de política exterior de los Estados Unidos formulado durante la presidencia de James Monroe, y expuesto en su mensaje anual al Congreso el 2 de diciembre de 1823. Su enunciado clásico puede sintetizarse en la frase: “América para los americanos”, fórmula ambigua dado que puede interpretarse que americanos somos todos los nativos de América o sólo los nativos de EEUU que se autodenominan “americanos”. Esto último es lo que se verificó en la práctica.

La Doctrina original sostenía que las potencias europeas no debían crear nuevas colonias ni extender las ya existentes en el continente americano y en que cualquier intento europeo de intervenir en los asuntos políticos de los estados americanos sería considerado una amenaza a la paz y seguridad de los Estados Unidos. La Doctrina se formuló en el marco de las independencias latinoamericanas, cuando España intentaba recuperar sus antiguas colonias. Estados Unidos buscaba impedir el regreso del colonialismo europeo en el hemisferio occidental.

Aunque en su origen tuvo un carácter defensivo, la Doctrina Monroe fue redefinida y expandida a lo largo del tiempo. En efecto, en 1904 se introdujo el llamado Corolario Roosevelt (Theodore) que introdujo la idea de que Estados Unidos podía intervenir en países latinoamericanos para “prevenir” la intervención europea. Esto transformó la doctrina en un instrumento de intervención directa. En efecto, en el siglo XX sirvió de justificación ideológica de EEUU para intervenciones políticas, económicas y militares en América Latina (Caribe, Centroamérica, Cono Sur), especialmente durante la Guerra Fría.

Con motivo del 250 aniversario de la doctrina Monroe, la Casa Blanca publicó un comunicado oficial en el que Donald Trump reafirma su compromiso con este pilar estructural de la política exterior estadounidense, pero también su intención de actualizarla, completándola con un “Corolario Trump”.

“Lo que interesa en esta oportunidad es remarcar la obsesión estadounidense en cuanto a que, de algún modo, tiene un derecho a “poseer” el continente. Un análisis de las distintas estrategias de seguridad resulta revelador. La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 menciona, en sus cinco páginas dedicadas al área, seis veces “our hemisphere”—“nuestro hemisferio” (América Latina, el Caribe insular y Canadá)—como si el continente fuera un espacio de mando exclusivo de Washington. Más ahora, ante la proyección económica y diplomática de China.” (1)

En ese marco reafirma Trump derechos sobre Groenlandia, el Golfo de Mexico (que redenomina como “Golfo de América”, amenazando a México, el Mar Caribe y países de America Central y norte de Suramérica como Colombia y Venezuela). Obviamente esta visión geopolítica amenaza a toda Suramérica con peligros de invasión, fraccionamiento y soberanía “limitada”, que debiera preocupar a patriotas y demócratas argentinos.

También apareció el concepto de soberanía limitada en la ex URSS. La Doctrina Brezhnev, o de “soberanía limitada”, fue la política soviética tras la invasión a Checoslovaquia en 1968, estableciendo que la URSS tenía derecho a intervenir militarmente en cualquier país del Bloque del Este, si su régimen político o intereses se veían amenazados por fuerzas internas o externas, subordinando la soberanía de los estados satelizados a los intereses de la ex URSS (devenida, desde 1957, en socialista de palabra e imperialista en los hechos y fascista de tipo hitleriano en el plano interno). Esta doctrina limitó severamente la independencia de estos países, justificando la represión de movimientos reformistas, como la Primavera de Praga, y fue usada para mantener la hegemonía soviética.

Hoy, desde potencias imperialistas de los distintos bloques en formación, surgen peligros que limitan o afectan el ejercicio pleno de nuestra soberanía y nuestra integridad territorial.

En este marco internacional y desde una perspectiva de integridad territorial y soberanía plena, el poblamiento constituye una condición necesaria para el ejercicio de la misma. Allí donde el territorio se vacía, se precariza o se desarticula socialmente, la soberanía se vuelve formal y declamativa. El presente trabajo propone analizar el poblamiento como un fenómeno estructural que articula natalidad, economía, territorio, sentimientos de pertenencia nacional, libertades y derechos reales efectivizados.

Argentina transita un proceso acelerado de reducción de su tasa global de fecundidad (TGF). Se considera que una Tasa Global de Fecundidad (número de hijos por mujer a lo largo de su vida) de 2,1 es la necesaria para conservar la población estable, sin crecimiento, pero sin disminución. La TGF de Argentina pasó de 2,6 hijos por mujer en 2000 a valores cercanos a 1,5–1,6 entre 2020 y 2024. Este descenso se presenta en un país con muy baja densidad poblacional (aproximadamente 16 habitantes/km² en promedio; menos de 3 habitantes/km² en Patagonia y con vastas áreas estratégicas escasamente habitadas). (2)

Cada censo mostró un crecimiento de la población argentina. Entre 2001 y 2020, por ejemplo, aumentó en promedio 1,06% por año. Sin embargo, para el período 2022-2040, se espera que la evolución sea mucho más lenta: en promedio 0,16% por año. La fuerte desaceleración del crecimiento poblacional responde, principalmente, a la marcada caída de la tasa de fecundidad, que, junto con un aumento de la esperanza de vida al nacer, generan una población cada vez más envejecida. (3)

Para comparar el significado de las cifras se puede decir que:

“El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 contabilizó 12.382.860 mujeres de entre 14 y 49 años: el 57,5% tenía hijas e hijos nacidos vivos y, en promedio, cada mujer tenía 1,4 hijos. El promedio de hijas e hijos por mujer que muestran los censos argentinos del tercer milenio disminuye a medida que se avanza en años censales. Los datos surgen del nuevo informe que presentó el INDEC el jueves 14 de marzo de 2024 con base en los resultados definitivos del Censo 2022.”

“Santiago del Estero, Misiones y Formosa, con un promedio de 1,7 hijos por mujer de 14 a 49 años, fueron las jurisdicciones con los valores más elevados. En el otro extremo se ubicó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con un promedio de 0,9; seguida por Córdoba, Neuquén y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que tuvieron en promedio 1,3 hijas e hijos por mujer.”

“Un dato para destacar es que el porcentaje de mujeres adolescentes -entre 15 y 19 años- con hijas e hijos nacidos vivos tuvo un descenso muy pronunciado respecto de los resultados del censo anterior: pasó de 13,1% en 2010 a 6,4% en el último censo.”

“Si bien no hay grandes diferencias en el porcentaje de mujeres de 45 a 49 años con hijas e hijos nacidos vivos a través de los censos, se observa un descenso sostenido en el promedio de hijas e hijos nacidos vivos al final de su vida reproductiva, que pasó de 3,1 en 2001 a 2,6 en 2022.”

“Cuando se examina la fecundidad por grupo poblacional, las mujeres afrodescendientes tenían en promedio 1,4 hijos; las mujeres extranjeras, 1,8; y las mujeres indígenas, 1,9.” (NR: FUENTE, CENSO 2022) (4)

La densidad de población promedio mundial estimada para el año 2025 es de 55 personas por km² (kilómetro cuadrado).

En Argentina, su baja densidad (16.7 hab./Km2) es similar a la de países con grandes extensiones de territorio poco habitable (como la estepa siberiana), lo que genera un gran vacío demográfico fuera de la zona del Litoral.

  • Rusia: Tiene la densidad más baja (8,5 hab./Km2) porque su superficie es la más grande
    del mundo. Tiene más de 17 millones de Km2 y gran parte de su territorio (Siberia) es inhabitable
    y está permanentemente congelado (permafrost), lo que concentra a la mayoría de la población
    en la parte europea occidental.
  • Reino Unido: A pesar de ser mucho más pequeño, su densidad es muy alta (283,8
    hab./Km2). Esto se debe a que es un país altamente industrializado y urbanizado con poca
    superficie total.
  • Argentina: Su baja densidad (16.7 hab./Km2) es similar a la de países con grandes
    extensiones de territorio poco habitable (como Siberia), lo que genera un gran vacío demográfico
    fuera de la zona del Litoral. Mientras tanto, México tiene 66,6 hab./km2 y Brasil 24,9; según el
    portal especializado www.populationpyramid.net

Un adecuado proceso de poblamiento planificado puede cambiar la situación argentina de despoblamiento, con desarrollo y provisión de fuentes de trabajo, industrialización, ocupación territorial por una masa de campesinos propietarios fruto de una reforma agraria, provisión de mecanismos de riego, cultivo hidropónico en zonas áridas como el que INTA desarrolla en nuestra Antártida Argentina, uso de reactores nucleares pequeños nacionales (CAREM) para proveer energía barata en pueblos pequeños y zonas aledañas, sistemas sanitarios de promoción de la salud, prevención y curación de enfermedades próximos a lugares de vivienda y trabajo, espejos de agua formados en períodos de inundación que actúen como reservorio para épocas de sequía (retomando las propuestas de Florentino Ameghino en 1884), sistemas de acueductos que lleven agua hacia zonas áridas (actividad que pudo hacer el Imperio Romano con mucha menor tecnología que la actual), técnicas como el riego por goteo, reforestación para que árboles y montes actúen como obstáculos naturales para ralentizar el movimiento del agua hacia las zonas bajas, favoreciendo la infiltración en el suelo en lugar de un desagüe violento que provoca inundaciones, a la vez promover el desarrollo de una industria maderera conservativa, creación de centros locales de educación de distintos niveles, localización distribuida de centros de Ciencia y Tecnología (CONICET, INTA, INTI), polos de desarrollo agrario e industrial diseminados, etc. (5)

Se crearían así condiciones de asentamiento y arraigo familiar.

Crédito imagen: Revista Crisis

2. Aspectos positivos de la familia popular destruidos por políticas de entrega y ajuste

Respecto al arraigo familiar, es bueno adelantar una reflexión: muchos de quienes siempre hablaron en defensa de la familia y la propiedad privada han sido quienes destruyeron a la familia popular, la mesa del almuerzo y la cena, los derechos a un futuro vivible como el derecho a la vivienda propia, a la propiedad de un pedazo de tierra para cultivarla, y el arraigo al suelo, sus costumbres y tradiciones, el derecho a la cultura, al conocimiento, al deporte y el esparcimiento.

Como sanguijuelas chuparon los derechos de las familias populares, para engordar su propio patrimonio y el de sus grupos sociales que se quedan con la mayor parte de la riqueza sin contemplar el interés nacional. Fueron y son las familias parasitarias y sanguijuelas de la oligarquía, siempre aliadas a distintos bandos imperialistas. Detrás de la defensa de la familia en general se escondió, en realidad, la subordinación de la familia popular a los intereses de los grupos económicos usufructuarios de la dependencia argentina.

En la visión de la familia de estos grupos dominantes y privilegiados se exaltan aspectos vinculados al sistema económico social dominante de sumisión nacional: la mujer sometida al trabajo de la casa y al trabajo “exterior” (registrado a veces y a menudo “en negro”), sometida a condiciones desiguales de labor y salarios para proveer al sostén económico (muchísimas veces el único), la patria entregada, el ambiente (que debe ser concebido como parte del patrimonio nacional) en vías de destrucción para proveer de ganancia infinita a grupos económicos extranjeros y aliados internos. Todo con una ideología cosmopolita de una oligarquía genuflexa que desprecia lo nacional, y su desarrollo independiente (“ciudadanos del mundo opresor y no argentinos”).

Sin embargo, del lado de una concepción religiosa, el pensamiento bergogliano ha destacado los aspectos positivos de la familia que han sido destruidos por el fariseísmo oligárquico (que mientras miente protección de la familia y su propiedad, la destruye y expropia sin piedad), que impregna a este gobierno de Milei y a muchos de los anteriores.

Francisco criticó a quienes son responsables de reducir a la familia popular a sus aspectos negativos, o simplemente a quienes la destruyen sometiéndola al hambre de techo, tierra, trabajo, alimentos, educación, salud y, por consiguiente, de futuro nacional.

En efecto, para Francisco se deben promover los siguientes valores de la familia popular:

Relación frente a individualismo: La familia debe contrarrestar el individualismo y promover vínculos sociales y nacionales de solidaridad y reciprocidad.

Bien social esencial: No es sólo es una unidad privada; es un bien social que debe ser protegido y promovido.

Compromiso comunitario: La familia no es aislada, sino parte de un tejido comunitario mayor que contribuye al bien común de la patria y el pueblo.

Derechos y condiciones materiales: Bergoglio llama la atención sobre derechos concretos (vivienda, trabajo, tierra, salud) que permiten a la familia cumplir su función social.

Realismo pastoral: Reconoce la imperfección de las familias y la acompaña con una visión de esperanza y crecimiento.

Exalta “la responsabilidad de aprobar leyes y crear trabajo para garantizar el futuro de los jóvenes y ayudarlos a realizar su proyecto de formar una familia.”

En sus propias palabras: “De la familia. . ., que es la primera comunidad educativa, se aprende a cuidar del otro, del bien del otro, a amar la armonía de la creación y a disfrutar y compartir sus frutos, favoreciendo un consumo racional, equilibrado y sostenible. Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana.” (16 de octubre de 2013)

Bergoglio reconoce que la economía puede oprimir a la familia y acepta que la precariedad destruye hogares con un mecanismo que promueve la exaltación de los aspectos negativos favorables a la formación económico social imperante.

La crítica materialista científica a la familia, destaca su carácter histórico, coincidiendo en que los beneficiarios de la formación económico social imperante en nuestro país, en última instancia, le ponen su sello a la familia promoviendo el individualismo, destruyendo bases solidarias, sometiendo a sus integrantes y, en particular, a la mujer.

Es útil analizar, a modo de ejemplo concreto, al documento más claro y normativo sobre esta cuestión que es la Ley de Matrimonio de la República Popular China (1950), promulgada bajo la conducción política directa de Mao Zedong, tan distinta a la de la China actual. En su Preámbulo se afirma explícitamente:

“El sistema feudal de matrimonio, basado en la arbitrariedad y la opresión de la mujer, debe ser abolido. El nuevo sistema de matrimonio se basa en la libre elección de los cónyuges, la monogamia, la igualdad entre el hombre y la mujer y la protección de los intereses legítimos de la mujer y de los hijos.”

Aquí es inequívoco que no se abolía a la familia, ni se suprimía el matrimonio, sino que se abolían las relaciones feudales que se expresaban dentro de la familia.

La Nueva Ley de Matrimonio, promulgada el 1 de mayo de 1950, fue una de las reformas sociales más radicales de la recién fundada República Popular China. Su objetivo principal fue erradicar el sistema familiar «feudal y patriarcal” que había predominado durante milenios.

La ley introdujo cambios estructurales para transformar la vida doméstica china basándose en cuatro principios:

  • Libertad de elección: Se prohibieron los matrimonios concertados por padres o terceros y la compraventa de novias. El consentimiento mutuo pasó a ser un requisito legal indispensable.
  • Monogamia: Se abolió la poligamia y el sistema de concubinas, estableciendo el matrimonio entre un solo hombre y una sola mujer como única forma legal.
  • Igualdad de género: Se otorgaron a las mujeres los mismos derechos que a los hombres dentro del hogar, incluyendo el derecho a poseer propiedades y a elegir su profesión.
  • Derecho al divorcio: La ley facilitó la disolución del vínculo matrimonial, permitiendo que las mujeres solicitaran el divorcio, por primera vez, en igualdad de condiciones.

La implementación generó una transformación profunda pero turbulenta. Sólo en 1951, se presentaron más de 410.000 demandas de divorcio, la gran mayoría iniciadas por mujeres que buscaban escapar de matrimonios forzados o abusivos. Aunque enfrentó resistencia en áreas rurales conservadoras, para 1955 más del 90% de los matrimonios en China ya se realizaban bajo este nuevo marco legal. (6)

En nuestro país, favorecer los aspectos positivos de la estructura familiar significaría eliminar todos aquellos factores económicos y legales que oprimen a la familia popular impulsando una precariedad que destruye hogares, como ocurre en nuestros días.

La familia se reconfigura según principios solidarios. Se defienden cambios profundos de la institución familiar, no su eliminación. La tarea no consiste en destruir todo lo viejo sin distinción, sino en eliminar las relaciones de dependencia nacional que la afectan, que destruyen la vida del pueblo y, en suma, que obstaculizan el progreso social.

En esta concepción materialista se coincide con el pensamiento bergogliano, en lo referente a conservar lo positivo, apoyando aquello que puede servir al pueblo y a una Argentina Independiente de toda dominación extranjera.

Es posible y necesario, entonces, encontrar puntos de coincidencia al respecto entre creyentes y no creyentes, religiosos y no religiosos, a condición de una unidad patriótica y popular democrática para oponerse a:

  • Las tensiones internas que sufren las familias del pueblo sometidas a políticas de sumisión nacional, entrega del patrimonio argentino, salarios que no alcanzan y de vidas invivibles.
  • Las desigualdades de género.
  • El impacto negativo de la precarización económica.
  • La fragilidad de los vínculos en sociedades individualistas.

La precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda, la inestabilidad macro y microeconómica y la mercantilización de la vida afectan directamente la posibilidad de formar hogares y proyectar hijos. Es posible una amplia unidad entre creyentes y no creyentes en el objetivo de generar condiciones para la población territorial argentina.

Bergoglio introduce un concepto central para el análisis demográfico: la esperanza social. Las sociedades con futuro previsible, sostiene, tienden a reproducirse; aquellas dominadas por la incertidumbre, no. En este sentido, la caída de la natalidad no es un problema moral ni individual, sino un síntoma estructural de muchos pueblos, países y naciones oprimidas por potencias que se disputan la rapiña de nuestras patrias, haciendo bambolear al mundo al borde de una tercera guerra mundial.

Crédito imagen: El Destape

3. Contrastes demográficos argentinos

Argentina presenta una de las distribuciones territoriales de población más desequilibradas del mundo: una fuerte concentración demográfica, económica y política en el Área Metropolitana de Buenos Aires y un vasto interior con densidades poblacionales críticas. Este patrón no sólo genera desigualdad social, sino que compromete directamente la soberanía nacional.

El territorio despoblado no es territorio neutral. Allí donde falta población estable, arraigada y organizada, el control efectivo del espacio se debilita, aun cuando la soberanía jurídica permanezca intacta.

Si se considera el territorio continental de Argentina se encuentran graves contrastes:

  • Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA): Supera los 15.000 habitantes por kilómetro cuadrado, siendo extremadamente densa y concentrando gran parte de la población metropolitana en un espacio reducido.
  • Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) (CABA + 39 Partidos del GBA): La densidad promedio para toda la región metropolitana (incluyendo CABA) ronda los 1.233,6 hab./km², según datos del Censo 2022, con una población total de más de 16 millones.
  • Provincia de Buenos Aires (PBA) (General): Tiene una densidad poblacional promedio mucho más baja, alrededor de 55,3 hab./km², ya que incluye vastas zonas rurales y ciudades más pequeñas fuera del conurbano inmediato.
  • Baja Densidad: Provincias como Santa Cruz tienen densidades extremadamente bajas (alrededor de 1 hab./km²).

Más del 35 % de la población argentina se concentra en el AMBA, mientras extensas áreas del NOA, NEA, Cuyo y Patagonia presentan densidades inferiores a los niveles necesarios para sostener servicios, producción diversificada y vida comunitaria estable. (7)

El despoblamiento interior se expresa en:

  • migraciones internas forzadas por falta de oportunidades,
  • envejecimiento poblacional,
  • caída de la natalidad en regiones periféricas y/o estratégicas,
  • cierre de escuelas, hospitales y servicios básicos.

La concentración poblacional en el Área Metropolitana de Buenos Aires y el vaciamiento del interior responden a un modelo económico que disocia territorio, producción y reproducción social.

La Patagonia Argentina, que representa cerca de un tercio del territorio nacional, presenta densidades poblacionales críticamente bajas. Esta situación genera vulnerabilidades estratégicas en términos económicos, ambientales y geopolíticos.

Desde la geografía política y la demografía estratégica, estas condiciones configuran territorios vulnerables, más expuestos a procesos de extranjerización económica, uso extractivo sin arraigo y pérdida de control logístico y ambiental.

Desde una concepción de independencia nacional, el poblamiento no puede ser reducido a un dato estadístico ni a una elección individual aislada. Es una política de Estado de largo plazo, que articula familia, trabajo, vivienda, educación, salud y control nacional de los recursos estratégicos. Sin condiciones materiales dignas, la libertad reproductiva se vuelve puramente formal.

El poblamiento debe ser entendido como una política de largo plazo, articulada con el desarrollo productivo, la infraestructura, la educación y la salud. Sin proyecto nacional, el poblamiento se vuelve errático; sin poblamiento, el proyecto nacional se vuelve inviable.

La libertad entendida exclusivamente como ausencia de coerción resulta insuficiente para explicar los comportamientos demográficos contemporáneos. La posibilidad de formar una familia, tener hijos y permanecer en el territorio depende de condiciones materiales objetivas.

Cuando dichas condiciones no existen, la libertad se transforma en una ficción jurídica.

La soberanía poblacional implica garantizar libertad real: la capacidad efectiva de elegir proyectos de vida sin que la precariedad material funcione como mecanismo de control indirecto. En este sentido, la caída de la natalidad puede ser leída como un indicador de pérdida de soberanía.

La caída de la natalidad en Argentina es un fenómeno que no puede interpretarse como un mero ajuste cultural. Ocurre en un contexto de:

  • deterioro del salario real,
  • encarecimiento del suelo urbano,
  • desaparición del crédito hipotecario blando,
  • falta de acceso al cuidado sanitario y a la educación en distintos niveles,
  • precariedad laboral estructural,
  • concentración de la tierra rural,
  • migraciones internas hacia pocos nodos urbanos.

Las interpretaciones que explican la caída de la natalidad como resultado de cambios culturales o preferencias individuales omiten el peso estos factores estructurales. La precarización laboral, la inestabilidad habitacional, el encarecimiento de la crianza y la incertidumbre económica operan como inhibidores objetivos de los proyectos familiares. En contextos de fragilidad material, la decisión de no tener hijos no expresa necesariamente autonomía, sino adaptación defensiva.

El acceso a una vivienda digna y a un trabajo estable de calidad, en los términos definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), constituye un prerrequisito para el arraigo territorial. Sin estas condiciones, la población se ve forzada a la migración interna, a la concentración urbana y, directamente, al abandono del proyecto reproductivo. Queda a la vista el proceso argentino en estos aspectos.

La crisis del poblamiento, por lo tanto, no es un fenómeno demográfico autónomo, sino la manifestación de un modelo económico y social que disocia territorio, producción, y vida cotidiana del pueblo. Es decir, la solución es un proyecto de país independiente en el cual la familia popular tenga derechos y proyección futura.

Un territorio soberano no es aquel que figura en los mapas, sino aquel que está efectivamente habitado, trabajado y defendido por su población. El arraigo territorial implica continuidad generacional, redes comunitarias y sentido de pertenencia.

El despoblamiento de regiones estratégicas debilita la capacidad para ejercer soberanía real y facilita procesos de extranjerización económica y dependencia nacional. Por eso, la existencia de una capa de campesinos propietarios, resultado de una reforma agraria, es una condición para una defensa nacional patriótica y popular, integral e integrada, donde ese campesino pueda pensar: “ésta es mi tierra, ésta es mi casa, ésta es mi gente y las defiendo con la vida”.

El despoblamiento tiene consecuencias económicas, sociales y políticas de larga duración. Este informe intenta profundizar en los factores estructurales, las implicancias territoriales y las políticas estratégicas necesarias para revertir la tendencia.

Referencias bibliográficas

(1) Tokatlian JG. El Corolario Trump de la Doctrina Monroe en acción: “I took Venezuela”. Clarín. 05-01-2026.

(2) Fragilidad y resistencia en la Patagonia argentina. El País [Internet]. Planeta Futuro; 2018 [citado 8 Dic 2025]. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2018/06/11/planeta_futuro/1528730735_236438.html

(3) Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Estimaciones y proyecciones 2022–2040: la transformación de la población argentina. Dosier estadístico [Internet]. Buenos Aires: INDEC; 2025 Oct [citado 8 Dic 2025]. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/poblacion/dosier_proyecciones_censo_2022.pdf

(4) Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Fecundidad en la Argentina 2022 [Internet]. Buenos Aires: INDEC; 2024 [citado 8 Dic 2025]. Disponible en: https://censo.gob.ar/index.php/fecundidadargentina-2022/

(5) Ameghino F. Las secas y las inundaciones en la provincia de Buenos Aires: obras de retención y no de desagüe [Internet]. MINISTERIO DE ASUNTOS AGRARIOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES; 1884. [citado 8 Dic 2025]. Disponible en: https://www.sudoesteba.com/adjuntos/libro-ameghino.pdf

(6) República Popular China. Marriage Law of the People’s Republic of China (1950). En: Mao Zedong. Selected Works, vol. V. Beijing: Foreign Languages Press; 1977.

(7) Demografía del Área Metropolitana de Buenos Aires. [Internet]. 2022. [citado 8 Dic 2025]. Disponible en:
https://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_del_%C3%81rea_Metropolitana_de_Buenos_Aires

Publicado en 90lineas.com

Foto de portada Crédito imagen: El Nuevo Diario

Autor

  • Horacio Micucci

    Doctor de la Universidad de Buenos Aires-Área Farmacia y Bioquímica-UBA // Magíster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud–UNLA// Licenciado en Ciencias Bioquímicas (orientación bioquímica clínica)–UNLP// Farmacéutico y Licenciado en Ciencias Farmacéuticas-UNLP// Químico (ciclo básico del Doctorado en Ciencias Bioquímicas)–UNLP.

    Experticia en Bioseguridad, Gestión de materiales biológicos infecciosos, transporte de material biológico y especímenes de diagnóstico. Bioseguridad y Biocustodia de sustancias infecciosas.

    Gestión de Residuos de Establecimientos de Salud. Bioseguridad extendida a protección ambiental, interregional y de fronteras. Bioseguridad y Defensa Nacional.
    Experiencia en Políticas de Salud y Sistemas de Información de Salud del sector privado.

    Incumbencia profesional en Bioquímica Clínica, Farmacia, Política de Medicamentos y Tecnología Médica.
    Experticia en Política de Defensa Nacional, protección del Patrimonio Nacional y estrategias de seguridad hicrocarburífera.

Artículos relacionados